Periodismo crucificado (el manejo de la información en periodos críticos)

Por Javier Ramos Zambrano – Periodista del Periódico El Universal, Colombia.

El Periodismo es uno solo, el fin de informar es el mismo, no importa si es sobre deportes, política, economía, salud, etc. Tristemente, lo que el colega colombiano Javier Ramos describe en el siguiente artículo, es como el mismo dice, “un virus que se propaga más rápido que el COVID-19”, para mí, el virus de la desinformación, del pecado de la pereza de confirmar la información, del afán de publicar cualquier cosa para mantener sus cuentas llenas de seguidores. Hace un par de años pensaba que este era un problema exclusivo de periodistas jóvenes, pero tristemente a medida que ha pasado el tiempo, me he dado cuenta que muchos ‘veteranos’ han caído en el mismo hueco. 

Por Javier Ramos Zambrano – Periodista del Periódico El Universal, Colombia.

Traducido por: Constanza Mora – Miembro AIPS 

CARTAGENA, Colombia, 27 de abril de 2020.- “Un minuto de silencio por todas esas personas que estudiaron periodismo pero no aprendieron a dudar, esas personas que envían noticias escandalosamente falsas por WhatsApp sin tomarse la molestia de verificarlas. Son capaces de difundir lo más descabellado sin inmutarse”, trinó el cronista Alberto Salcedo Ramos. No un minuto, por lo menos un siglo en silencio, complementaría yo. 

Que me perdonen mis colegas que dicen que entre bomberos no debemos pisarnos las mangueras, pero es que es repugnante que en medio de una pandemia que ha multiplicado las muertes y el miedo, existan profesionales de la comunicación que mientan sin ningún pudor, sin vergüenza. 

Sala de Prensa durante una serie de Copa Davis en Colombia. / Press Room during a Davis Cup Series in Colombia.

Es triste que personas del común compartan información falsa, pero es más triste y preocupante aún que comunicadores que han recibido clases de ética periodística, manejo de fuentes, entre otras afines que enseñan a un periodista a publicar la verdad por encima de todo, se dediquen a desinformar. Entonces, si el pánico lo genera alguien que debería tener las bases de la rigurosidad periodística, ¿qué podríamos esperar de quien recibe esa información, confiando en que nace de alguien con credibilidad? Y así la mentira se vuelve una poderosa cadena que hace daño a muchas personas, a una ciudad, a un país, “al mejor oficio del mundo”, como dijo Gabo (Gabriel García Marquez). 

Ahora bien, sabemos que la premisa es verificar primero para poder publicar después, sin embargo, a veces se comete el error por varias circunstancias, ya sea porque una fuente creíble mintió, o la misma autoridad se equivocó en un informe oficial, etcétera (para tratar de justificar). Pero el mayor problema es que, aunque se ha comprobado que la información es falsa, el periodista no aclara o rectifica. Es decir, lo que pasó, pasó, dejamos la mentira en el aire, para que se siga compartiendo, sin importarnos a quién afecta. 

Un par de ejemplos recientes en Cartagena: un periodista publicó que hay miedo en la ciudad, y muestra la foto de un cadáver en plena calle de “un populoso barrio”. La desinformación tuvo que ser desmentida desde las redes oficiales de la Alcaldía, pues acá no pasó. Así mismo, la administración distrital tuvo que desmentir otra fake news, donde se leía que al parecer en la bodega en la que Veneplast guarda los mercados, vive un familiar de la secretaria General. Es cierto que los periodistas debemos estar atentos a cada paso que dé el gobierno Dau (William Dau Chamatt, Alcalde de Cartagena) que la plata no se la roben, que los mercados lleguen rápido a más barrios, pero pareciera que algunos quieren ver a la ciudad arder pronto, al desinformar a la ciudadanía. Son más los periodistas en Cartagena que están haciendo bien la tarea, pero hay unos pocos que son un virus que termina propagándose más rápido que el COVID-19. Dios mío perdónanos, porque ¿sabemos lo que hacemos? 

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ENGLISH 

Journalism Crucified 

By: Constanza Mora Pedraza – AIPS Member 

Journalism is one, the aim of reporting is the same, it does not matter if it is about sports, politics, economy, health, etc. Sadly, what the Colombian colleague Javier Ramos describes in the following article, is as he says, “a virus that spreads faster than COVID-19”, for me, the virus of misinformation, of the sin of laziness to confirm the information, the desire to publish anything to keep their accounts full of followers. A couple of years ago I thought this was a problem only of young journalists, but sadly as time has passed, I have noticed that many ‘veterans’ have fallen into the same hole. 

By Javier Ramos Zambrano – Journalist of El Heraldo Newspaper, Colombia 

Translated by: Constanza Mora – AIPS Member 

CARTAGENA, Colombia, April 27, 2020.- “A minute of silence for all those who studied journalism but did not learn to doubt, those who send outrageously false news via WhatsApp without taking even the time to verify them. They are capable of spreading the wildest without flinching” the journalist Alberto Salcedo Ramos trilled. Not a minute, at least a century in silence, would I complement. 

Forgive me my colleagues who say that ‘firefighters should not step on their hoses’ (a Colombian say that means that we do not criticize between colleagues), but it is disgusting that in the midst of a pandemic that has multiplied deaths and fear, there are communication professionals who lie without shame. 

It is sad that ordinary people share false information, but it is even sadder and more worrisome that journalist who have received journalistic ethics, source management, among other things that are teach to a journalist, to publish the truth above everything, dedicate themselves to misinform. So, if panic is generated by someone who should have the foundations of journalistic rigor, what can we expect from the person who receives that information, trusting that it is from someone with credibility? And so the lie becomes a powerful chain that hurts many people, a city, a country, to “the best job in the world”, as Gabo (Gabriel García Marquez) said. 

Now, we know that the premise is to check first to be able to publish later, however, sometimes the error is made due to various circumstances, either because a credible source lied, or the same authority was wrong in an official report, etc. (for justification). But the biggest problem is that, although the information has been proven to be false, the journalist does not clarify or rectify. That means, ‘what happened, happened’, we left the lie in the air, so it can still be shared, regardless of who it affects. 

Here a couple of recent examples in Cartagena: a journalist published that there is fear in the city, and shows the photo of a corpse in the middle of the street of “a populous neighbourhood”. The misinformation had to be denied from the official networks of the Mayor’s Office, since it did not happen here. Likewise, the district administration had to deny other fake news, where it was read that apparently in the cellar where Veneplast (Plastic Company) keeps the markets, a relative of the General Secretary were living. It is true that journalists must be vigilant at every step the Dau’s government takes (William Dau Chamatt, Mayor of Cartagena) that money is not stolen, that markets quickly reach more neighbourhoods, but it seems that some want to see the city ​​burn soon by misinforming citizens. More journalists in Cartagena are doing the job well, but there are a few who are a virus that ends up spreading faster than COVID-19. My God forgive us, because ¿do we know what we do?