Miguel Portal, un mentor de gigantes, otra víctima del coronavirus en el deporte

Reconocido en su país -Cuba- como uno de los mejores formadores y entrenadores de lanzamientos, Miguel Portal falleció por complicaciones derivadas del COVID-19 en Mexicali, México, donde residía desde hacía casi 18 años, tras haber llegado de Cuba como parte de un intercambio.

Por: Julio Arturo Couoh – Periodista Mexicano 

MEXICALI, Baja California, 22 de mayo de 2020.- La partida del entrenador Miguel Portal deja un vacío muy grande en el programa de lanzamientos en el atletismo no solo de la entidad, sino también de México y de la escuela cubana que tanto ha influido en el deporte latinoamericano y de otras latitudes.  

No deseo redactar notas ni boletines. Dejé de hacerlo hace ya varios meses. Prefiero escribir vivencias. Lo hice primero desde el retiro, ahora desde el confinamiento. 

Soren Kierkegaard nos recuerda que la vida se vive hacia adelante pero se escribe hacia atrás. 

Tus pupilos soñaban con llegar al podio. 

Yo intentaba imitar a Ernest Hemingway. 

¡Y vaya que lo vivimos! 

La primera vez, las maletas tardaron en llegar casi uno o dos días, pero viéndolo bien, valió la pena eso de ser un peregrino para conocer un poquito de tu tierra. 

Ir de la Quinta al Palco.

De Marianao a Boyeros. 

Del Centro a la parte Vieja.

Del Koly a la Víbora.

De ahí a la Lisa y después al Casco, cerca de donde estaba un inmenso patio con un gimnasio. Volvíamos frente al Capitolio para visitar la sala “Kid Chocolate” y después a la Feria, donde todos los chicos compraban cachuchas y pulseritas. 

Los entrenamientos en el Estadio Panamericano del Este eran la parada obligada. Esa era otra gran aventura al atravesar la ciudad bajo el sol y después el túnel para llegar hasta ese otro lado. A veces con el grupo, a veces pidiendo “botella”. 

Aún conservo la caja de Cohiba. Tengo más de diez años con ella. También la camiseta Adidas original, nítida, auténtica, portada por un seleccionado olímpica. Alguien de tus coterráneos se vistió con ella en Atenas y aquella noche en Miramar nos llevaste para hacer el “trueque”.  

Créeme que la conservaré aún más

La “sabrosura” en la técnica. Las sesiones de profilaxis con Dayron Robles antes de que fuera Dayron Robles. 

La inesperada visita de Javier Sotomayor cuando estábamos con Silvia Chivas e Irolán. Los Olímpicos del 68 reunidos en el graderío y compartiendo sus vivencias. 

Después fue la foto con Sotomayor. Se puso la gorra de “Baja”. Firmó souvenirs a los entonces pequeños talentos. 

No me olvido de la guagua Yutong que nos llevaba a todos lados. Desde la práctica en el estadio hasta Cerro Pelado. 

Tú te transportabas en tu carrito. No recuerdo si era Toyota o Lada, pero lo metiste hasta el túnel cercano al campo de prácticas donde también estaba la doctora Miriam aplicando las terapias con cera.  

Era algo nuevo para muchos de nosotros. En ese primer charter que salió de madrugada desde Mexicali también iba el “socio” Jaime Frayre, mi “padrino” de armas en aquella gira. 

Seguramente ya te topaste con él.  

¡Cuántos sustos nos metía Jaime!

Después llevaste a los prospectos a lo que era prácticamente el camino hacia las “Grandes Ligas” del Atletismo.  

Los Juveniles en Nanjing cuando recién bajados del avión necesitábamos transmitir ya, pues el corte estaba cercano y no se había generado ni una sola nota después de veintitantas horas de vuelo desde Los Ángeles. Como por arte de magia nos topamos con Hueto y Stephanie, contigo y Fernanda en el Parque Olímpico.  

Días después ella subió al podio. No había muchacha más feliz que Fernanda. Nadie creía que en medio de las amplias favoritas como las rusas y las alemanas, una latinoamericana le entrara al quite. Tu sí creías en ella, y ella sólo hizo lo que mejor le habías enseñado. Impulsar la bala.   

Fer subió al podio. Como locos bajamos por el túnel a la zona mixta la vimos con la bandera y le dijimos póntela para la foto. Después llegaron las cámaras del OBS, la Crew de NBC y Clarosports. 

“Estoy feliz, feliz, feliz”, y no paraba de repetirlo. La misión se había cumplido. Este sólo era un capítulo más que antecedió aquella jornada lluviosa en Xalapa, en la que Mario ganó sus medallas en Juegos Centroamericanos. Buscaba superar lo de Mayagüez y lo hizo.  

Llegaba el 2018. La beca de AIPS y IAAF nos abrió las puertas del Estadio y capturamos las postales de Barranquilla con el Supermán Sánchez y tus pupilos. 

Cambiaste el calor húmedo del Caribe por el Desierto. La brisa del Vedado por los vientos de la Rumorosa y a pesar de las tormentas y los 40 y tantos grados, tus chicos, tu familia eran la artillería humana “todo terreno”.  El día que desfilaste hace 19 años te sentaba tan bien el traje de charro mexicano, pero también me recordabas al Guajiro Natural de Polo Montañez. Y ahora brillas como un millón de estrellas. Es difícil comprender el Augusto misterio de la inmortalidad.  

Nos desprendemos de la carne y de los huesos, pero el legado es la prolongación de la vida misma tan increíble de asimilar.  

Decía Albert Pike que lo que hacemos por nosotros no trasciende, pero lo que hacemos por los demás es lo que permanece y eso es el sentido de la inmortalidad. 

Dejamos el cuerpo, proyectamos el alma con lo que hacemos por los otros para que perdure en los otros y volvemos a aquel lugar de dónde venimos y nos elevamos hacia el espíritu. 

Ahí estás Miguel, en una delegación reservada para quienes hicieron del legado la más brillante de todas las medallas.

Una de las máximas del olimpismo reza: “un gigante inspira a otros a convertirse en gigantes y a hacer que el mundo avance”.  

Fuiste literalmente el mentor de muchos gigantes en cuerpo y alma. 

Por favor, salúdanos a Leo Ferrer. Tampoco lo olvidamos, sobre todo cuando gritaba su “Perro, perro…” al lado del cuadrilátero en los torneos de Box y en especial, se emocionaba mucho cuando Andy Ruiz subía al ring.  Salúdanos también a tus otros grandiosos paisanos como Eugenio George o Teófilo Stevenson.  

El programa de lanzamientos no será el mismo sin ti, pero sabemos que has dejado un legado que deberá continuarse a pesar de todo. Te mando un abrazo con toda la jovialidad que te caracteriza hasta allá, al lado de tus santos y al lado de Papá Dios. ¡Oniye, Oniye Miguelito Oniye …!