Los Gladiadores (selección masculina de hándbol de Argentina): Amistad de élite

Por Carolina Mitriani (Argentina) – Periodista Joven AIPS América 

LIMA, Perú, 2 de agosto de 2019.- La pelota rebota. Un grupo de amigos con iguales camisetas trota en Lima. Hablan por lo bajo, se ríen, hacen chistes. “Es como una familia para nosotros”, afirma Pablo “el Colo” Vainstein. No es un grupo cualquiera: son Los Gladiadores, la selección argentina de handball masculino.

Disfrutan lo vivido. Hicieron la gira previa juntos, visitaron playas paradisíacas en equipo, entrenaron y prepararon el torneo de Buenos Aires. Incluso, aseguran que cuando tienen momentos libres los pasan unidos. No faltan las bromas fuera de cancha.

Se descifran con la mirada. Diego “el Chino” Simonet asegura que están ajustando el funcionamiento del equipo. “Sería bueno que hablemos menos, que no tengamos que hablar y arreglar los pequeños detalles pero se habla mucho, se arenga mucho, se discute mucho”, menciona. Quizás, esa sea la clave para la entereza del equipo a la hora de avanzar en bloque y con hambre voraz.

El circuito comunicacional no existe sólo en libros de Periodismo. Manolo Cadenas -DT de la selección- es la voz de mando. Lo que dice, se hace. Gonzalo Carou y Sebastián Simonet hacen su papel dentro del terreno netamente. A ellos le siguen los jefes de defensa y ataque.

Federico Pizarro, uno de los estandartes, regresa luego de una lesión. Una fiera a la que hay que calmar, así lo define “el Chino”. Sabe perfectamente a qué se debe ese huracán en el debut en tierras peruanas. Conoce lo que significa pisar la cancha tras una larga ausencia y en una competencia de semejante envergadura, como resultan estos Juegos Panamericanos. ”Cuando volves de lesión estás con muchas ganas”, aseguró a AIPS América.

Puede ser fino y puede ser letal. La magia ocurre en ágiles movimientos. Escurridizo, el segundo de los hermanos Simonet impone su juego donde sea. Recupera, ataca, ordena. No resulta raro escuchar que lo mencionen como “el Messi del handball”. Él, entre risas, prefiere distanciarse de ese lugar. “No podes comparar nada de un deporte con el otro y un crack, un ídolo, como Messi”. Su singular simpatía persiste incluso al elongar, con el cansancio al finalizar los partidos. Lejos queda de él el prototipo de arrogancia al que pueden llevar el éxito y los elogios. La frescura que transmite contagia al equipo y contribuye al ciclo.

Vainstein remarca lo que significa representar a Argentina en estos Juegos Panamericanos, sumando a quienes no están. La clave es persistente: disfrutar con compañerismo las competencias y sus procesos externos. La conexión entre sectores y la alegría que comparten es lo que más ajusta los engranajes.

Con precisión y agilidad arremete a cuanta pelota llega al área argentina. Matías Schulz es el espíritu celeste y blanco de los tres postes. Portando voz clara y expresión tranquila, el portero indica a la defensa cómo moverse ante una inminencia rival. Un mix de tranquilidad y fuerza le permite frenar un disparo y convertirlo en gol de arco a arco en cuestión de segundos. “Si está bien Mati, es el 50% del equipo. Mati o Leo, lo que sea. Los arqueros en handball serían como el diez en el fútbol; si están bien, es mucho: estamos bien todos”, señala el número seis del conjunto.

La risa no desvía el foco: ganar todos los partidos. “No importa la diferencia. Si ganamos todos los partidos vamos a llegar a la final bien”, sentencia Diego. Más cauteloso pero no menos expectante, el número cinco plantea un camino a construir paso a paso. Las huellas ya comenzaron a marcarse en territorio peruano. Su camino apenas comienza. Dicen que la amistad vale oro.