Historia: Julio, un mes pródigo para títulos celestes

Por Pedro Garcia Garozzo – corporaciondeportivafenix@gmail.com

ASUNCIÓN, Parguay, 30 de julio de 2020.- Se va julio. Un mes pródigo en grandes resultados para el fútbol uruguayo. Y como excepción la dolorosa primera eliminación mundialista que provocó la goleada de Paraguay en 1957.

HISTÓRICA. La celeste campeona de 1930 confirmó sus dos títulos olímpicos precedentes. Y después alcanzó otro logro mundial conocido como Maracanazo.

En las efemérides hoy se recuerda el primer titulo mundial de la gloriosa selección celeste que lo alcanzó un 30 de julio de 1930.

La conquista llegó después de dos cetros olímpicos, equivalentes a los mundiales que todavía no se disputaban, pues era en aquel tiempo la máxima competencia del popular deporte en el orbe.

Primero en 1924 se consagró en Colombes (Francia). Y luego en 1928 en Amsterdam (Países Bajos).

En 1930 la FIFA al fin organizó el primer mundial y anfitrión fue el prestigioso fútbol charrúa que acababa de dar dos vueltas olímpicas consecutivas.

El campeonato sirvió para la habilitación del celebérrimo estadio Centenario de Montevideo (hoy declarado con justicia monumento al fútbol mundial), inaugurado justamente en la fecha en que se cumplían cien años de la jura de la primera constitución de la República Oriental del Uruguay, el 18 de julio, con victoria del combinado anfitrión por 1 a 0 ante Perú.

La celeste avanzó hasta la final en la que volvió a encontrarse con Argentina, a la que venía de ganarle dos años antes, en la decisión olímpica de Holanda 1928 por 2 a 1.

Aquel 30 de julio de 1930 comenzó mal para los dueños de casa, pues la visita se adelantó en el marcador. Pero luego la parcial derrota se convirtió en un resonante triunfo de 4 a 2.

La celeste abrió la cuenta a los 12′ con gol de Dorado. Y tras parcial desventaja de 1-2 (habiendo convertido Peucelle a los 20′ y Stabile a los 37′ para Argentina), consiguió espectacular viraje mediante Cea a los 57′, Iriarte a los 68′ y Castro a los 89′.

Nadie pudo en tan corto tiempo reunir para si tanta gloria, toda la que estaba en esos años pioneros reservada para los mejores. Uruguay lo logró con calidad y mística, despertando un sentimiento de admiración generalizado entre propios y extraños.

Paraguay no fue la excepción. De hecho, nos identifican aparte del fraternal afecto, una serie de situaciones comunes antes y ahora, comenzando por la coincidencia de la parte final de los respectivos nombres, siguiendo por la similar garra que nos caracteriza a ambos e incluso en esta época de pandemia, el hecho de ser los dos países con menor índice de contagio del covid-19.

Con ese inocultado influjo, los miembros del consejo directivo de la Liga Paraguaya de Fúbol, dispusieron nombrar a su estadio propio de Sajonia, como Stadium Uruguay, en homenaje al admirado país acaparador de las mayores conquistas que hasta aquel momento se habían distribuido en el fútbol mundial.

Seguidamente llegó la Guerra del Chaco y el recinto balompédico se convirtió en cuartel general de las tropas paraguayas. El fútbol dejó de jugarse un tiempo. Y mucho más todavía tardó en rehabilitarse el gran escenario. Entonces, con una prensa especializada en pañales y sin la repercusión que hoy tiene, aquella denominación quedó en el olvido. Y mucho tiempo después, en desconocimiento de la medida, se le dio el nombre que actualmente lleva el Defensores del Chaco.

Veinte años después, la Celeste volvía a subir a lo más alto del podio en épicas e inverosímiles circunstancias ante la hasta entonces hiper favorita selección de Brasil.

La final de aquel nuevo mundial de julio de 1950 en el Maracaná de Rio comenzó mal para la celeste pues Friaça (47′) adelantó a Brasil en el marcador. Pero la garra charrúa, tal cual había ocurrido en 1930, lo pudo dar vuelta con sucesivos goles de Juan Alberto Schiaffino (66′) y  Alcides Ghiggia (79′). Se gestaba así el Maracanazo.

En ambos casos Uruguay dio vuelta el partido inicialmente en desventaja

Con el antecedente de tres títulos a nivel ecuménico sucesivos, en otro julio de 1957 llegó el momento de la primera gran espina que tuvo que soportar el fútbol uruguayo que hasta entonces desconocía lo que significada quedar afuera de una máxima fiesta mundial. Fue el 14 de julio en un estadio que por entonces, habiendo quedado en el olvido su denominación de Stadium Uruguay, era identificado por la zona (Puerto Sajonia) de su ubicación. En el arco del sector sur, que todavía sin graderías tenia un gran murallón como limite con la calle, el encarnaceno Florencio Amarilla anotó tres goles que cimentaron un triunfo contundente, espectacular e inédito, completado por Juan Bautista Agüero y Angel Jara Saguier. Un 5 a 0 categórico que dejó  por primera vez fuera de un mundial al valioso fútbol uruguayo y por primera vez clasificada por vía de eliminatoria a la Albirroja guaraní que a dos días de cumplirse siete años del Maracanazo, redondeó la sensacional gesta.