Gotas de Saber: Locales, protagonistas tecnológicos y competitivos

El asiento en Winnipeg de los V Juegos Panamericanos proporcionó ingredientes suplementarios para que Canadá reafirmara su pujanza en el deporte continental, entre el 23 de julio y el 6 de agosto de 1967.

Por Enrique Montesinos (*)enriquemontesinos@hotmail.com

Acto inaugural bajo lluvia, con el Príncipe británico Felipe incluido, en unos V Juegos marcados por las introducciones tecnológicas.

Llovieron los récords antes y durante las competencias, como también llovió copiosamente durante la ceremonia inaugural, a la que el príncipe Felipe, de Inglaterra, acudió especialmente para declarar abiertos los Juegos, en nombre de la Reina.

De los 33 países que entonces integraban la ODEPA, acudieron 29, realizándose la reunión más masiva hasta entonces, para la cual Haití, Honduras, República Dominicana y Surinam se convirtieron en únicos ausentes, en tanto debutaron la hoy Belice (como Honduras Británicas) y Bolivia.

Los 21 deportes oficiales, y el canotaje con categoría de exhibición, contaron con 2 418 competidores. El hockey sobre césped varonil entró para quedarse permanentemente en el programa, sustituyendo en esta ocasión al pentatlón moderno.

El número de pruebas premiables ascendió hasta 169, en lo fundamental por crecimientos en natación, que aumentó en 13 (de 16 a 29), atletismo y judo.

Una famosa firma de Suiza, la Omega, proporcionó mediante contrato el cronometraje electrónico más la foto de llegada, evitándose las agudas controversias cuando se trataba de finales bien reñidas difíciles de capturar en detalles por el ojo humano. Orgullo de los anfitriones también fue la participación inicial de la mujer en los papeles de árbitro y funcionarias. Se asegura que por primera vez, internacionalmente, una dama impartió justicia en el certamen de voleibol.

En atletismo y natación abundaron las figuras del primer nivel mundial, que al año siguiente estremecerían al planeta durante los Juegos Olímpicos de México 1968. En el óvalo atlético su novedosa superficie sintética (tartán) contribuyó a la obtención de marcas sobresalientes, a la cabeza de ellas la de 44.9 en los 400 metros planos, válida para igualar el primado universal por parte de Lee Evans (USA).

Un total de 14 récords mundiales (ocho femeninos y seis masculinos) emergieron de la pileta de natación, varios de ellos con protagonistas de lujo, como los estadounidenses Claudia Kolb y Mark Spitz, este a la sazón con apenas 17 años, pero destinado a convertirse en leyenda universal tras sus épicas siete de oro en los Olímpicos de Munich 1972.

Kolb, titular olímpica en Tokio 1964, reinó en los Juegos con cuatro de oro: 200 y 400 combinados, en el relevo 4×100 combinado —adjudicándose sendas primacías planetarias—, además de los 200 m mariposa.

En el cuadrilátero boxístico comenzó a sentirse el poder de los puños cubanos, conquistadores de tres coronas, unidas a igual número de subtítulos y un bronce, cómputo suficiente para que la mayor de las Antillas comenzara su larga supremacía en el pugilismo. Dos de los monarcas antillanos, Enrique Regüeiferos y Rolando Garbey, conquistarían los primeros lauros olímpicos de Cuba, al abrazar los sublideratos en México 1968.

Argentina enseñó de nuevo sus dotes ciclísticas, en tanto Estados Unidos no cedió ningún cetro en clavados y lucha, además de dominar la esgrima, el judo, las pesas, la gimnasia artística, el remo, el tiro y el tenis, y dividir honores con Brasil en la justa de velas.

La potencia del deporte estadounidense también se hizo sentir en las competencias por colectivos, liderando cinco de siete, a saber baloncesto (m), béisbol, polo acuático y los dos torneos de voleibol, aunque resultó significativa la derrota ante Brasil de sus muchachas del baloncesto.

En el voleibol varonil se produjo una épica batalla entre norteños, brasileños y cubanos, obligados a decidir el empate en la cima por diferencia de sets a favor y en contra.

Cuba le ganó dos veces a Estados Unidos en el torneo regular de béisbol y le hubiera correspondido el título, pero los organizadores innovaron con la realización de una serie extra para definir, muy cuestionada por entonces, sobre todo cuando en la misma el resultado favoreció a los estadounidenses por 2 juegos a 1.

México se inauguró como campeón de fútbol, y Argentina lo hizo en el debutante torneo de hockey sobre césped con credenciales de expertos en la materia.

Como se esbozó al principio, la progresión cualitativa de Canadá finalmente quedó plasmada en su segunda posición de la tabla general de medallas, pero más por el total de 92 premios (12-37-43), que por el botín dorado, sin olvidar la “bendición” de la sede siempre a tenerse en cuenta.

A Estados Unidos no le faltó su enorme ventaja expresada en 120 títulos, aunque no tan prolija en plateadas y bronceadas (63-42), luego de reducirse a dos los competidores por país cuatro años antes.

Brasil, segundo anterior, resultó desplazado al tercero y si ocupó dicha plaza fue por más medallas de oro que Cuba, once por ocho, nación que casi la duplica en el total de premios, 48 por 26, ofreciendo así otra señal de su potencial desarrollo en la esfera deportiva.

*MÁS GOTAS DE SABER

— Nótese que si bien hubo entrega de preseas en el canotaje, de ninguna manera pueden contabilizarse oficialmente en la tabla general de los Juegos por constituir un deporte de exhibición.

— Veinte de los 29 comités olímpicos participantes retornaron a casa con al menos una medalla de bronce. No tuvieron esa dicha Belice (como Honduras Británicas), Bahamas, Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Islas Vírgenes USA, Nicaragua y Paraguay.

— El fuego olímpico volvió a encenderse en la ceremonia del mexicano Cerro de las Estrellas, protocolo que no volvería a cambiarse.

— Un caso singular lo protagonizó Nicaragua, que no formó delegación en su territorio, más envió dos delegados al Congreso, a los cuales se unió un atleta radicado en Washington como militar, quien al competir en 1 500 m planos cristalizó para la historia la participación competitiva del país centroamericano.

— Hubo una medalla de oro más entregada, 170, en las 169 pruebas programadas, debido al empate entre los estadounidenses Fred Roethlisberger y Richard Lloyd, ambos con 18.95 en la modalidad de barras paralelas de la gimnasia artística, especialidad en la que también se produjeron igualadas en terceros puestos que favorecieron la entrega de dos bronceadas.

— En el capítulo del medallero, vale la pena señalar la modificación en judo y boxeo, que desde entonces concedieron dos bronceadas por división, aunque allí mismo no se pudieran premiar dos en la máxima categoría boxística… por falta de competidores.

(*) Primer vicepresidente de AIPS América y autor del libro Juegos Panamericanos, desde Buenos Aires 1951 hasta Río de Janeiro 2007

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