Entre la ética y el poder

En el ejercicio cotidiano de la profesión los periodistas debemos enfrentarnos a diversas dificultades. El acceso a las fuentes, la escasa información, las largas distancias, las dificultades técnicas, las complicadas y cada vez menor cantidad de acreditaciones, son algunos de los escollos que debemos sortear para lograr nuestros objetivos; sin embargo, poco tiempo dedicamos a cultivar nuestra deontología profesional y a ejercitar y depurar la ética periodista.

Por Cristian Torino (*) cristiantorino@hotmail.com

La argentina vive una guerra de poderes que ha llegado al ámbito comunicacional con la mayor ferocidad conocida en toda su historia. En este país se derrumban pedestales y se construyen trincheras a cada paso. Argentina vive un momento histórico en el ámbito periodístico y en cada medio afloran problemas éticos relacionados con la profesión para los cuales, la mayoría de los periodistas no se encuentran preparados.

Con el descreimiento post moderno de las grandes instituciones como las estructuras gubernamentales, religiosas y educativas, los medios parecen erigirse como uno de los bastiones preferidos, no solo para la información y el entretenimiento, sino también para la capacitación y formación social de toda comunidad.

Es innegable la función social de los mass media en las comunidades contemporáneas y se hace difícil la convivencia de este legado cuando se depende de empresas de capitales privados cuyo objetivo predominante es el superávit económico.

En la actualidad, el periodista no solo debe “pintar con la palabra”, como decía José Martí; sino que también debe ser muy cuidadoso de no salpicar diversos intereses con esa pintura, ni traicionar su propia idiosincrasia para no perder lo que lo distingue, identifica y ennoblece como persona.

Hoy, el periodismo no es solo una forma de conseguir dinero ni influenciar en la opinión pública, no es solo un medio de información y entretenimiento; es la herramienta más importante de formación y capacitación social; y para muchos, el único medio que permita forjar un ser superior.

Como toda profesión, el periodismo tiene sus reglas, pero no debemos olvidar que  estas reglas periodísticas nunca pueden estar por encima de las reglas humanas.

El periodismo no debe ser solo un “producto de consumo”, debe ser el más importante disparador ético de las sociedades, el estandarte de la lengua, la guía de las emociones, el ojo crítico de las sensaciones, el capitán del raciocinio.

Los periodistas estamos inmersos en varias guerras: la de poder formar e informar a pesar de las presiones y las luchas de poder, la de escribir la verdad sin herir susceptibilidades ni intereses personales y siempre defendiendo las fuentes laborales; pero la más importante es la de ser éticos y responsables y no decepcionar ni a la comunidad, ni a nosotros mismos.

Vivimos agobiados por estas difíciles guerras, y a pesar de que hasta el momento las batallas no nos son favorables, tenemos la ventaja de tener la posibilidad de cambio en nuestras manos. Por ello, solo de nosotros depende la victoria.

Como decía José Martí, “se debe ser culto para poder ser libre”; y los periodistas tenemos que librar esa enorme batalla. La de guiar a los pueblos a su libertad a través de la palabra.

(*) Delegado Internacional de la Federación Argentina de Periodistas Deportivos (FAPED).

Presidente del Círculo de Periodistas Deportivos de San Nicolás, Buenos Aires, Argentina.