Por Ignacio Pérez Tuesta (Chile)

SANTIAGO, Chile, 18 de mayo de 2017.- Queridos colegas y amigos. Ha sido un día difícil, de esos que muchas veces vamos a querer sacar del calendario. Quizás en nuestro interior aún seguimos esperanzados en que no pasó. Yo todavía no puedo creer lo de Enrique. El mismo que con una

Enrique Montesinos en el Congreso AIPS de Bakú, en 2014

insistencia que solo entrega el rigor periodístico, para uno de sus libros de los Panamericanos, me pidió hace un tiempo que pesquisara la nómina completa de la Selección Chilena de Fútbol para los Panamericanos de 1951, tarea no fácil ya que se trataba de jugadores amateurs en esa época. Me tuvo de cabeza una semana en los diarios y revistas antiguas, algo que por lo demás me encanta, así que no fue un sufrimiento. Pero fue la confirmación de lo buen periodista que era, certero y riguroso hasta en el último detalle. Siempre entregando una palabra, un dato o una reflexión sobre el periodismo.

Cuántas veces, viéndome a mí más joven y con ganas, se sentó al lado para aconsejarme y escucharme cuando me iniciaba en la labor gremial, en alguno de los congresos que compartimos. Cuántas veces río con alguno de mis chistes fomes o bromas ya sea en la última etapa solo cuando iba como presidente o cuando viajábamos con José Luis cuando él era presidente y yo vice. Se reía, Enrique. Se reía con nosotros y con todos. Porque se alegraba, imagino, ver a tipos más jóvenes interesados en aportar al gremio de nuestro país, y sobre todo de nuestra América diversa.

Ahí está Enrique, el que me decía “Igna”, el mismo que seguía hablándome -sabiendo mi debilidad por los libros- de sus proyectos editoriales, porque siendo alguien que podría haberse ido a los cuarteles de invierno a descansar, hasta el último día, literalmente, trabajó por el periodismo, su periodismo, nuestro periodismo. El de Cuba, el de América.

Le debo a Enrique una visita a Cuba, que siempre me decía “ven a conocerla” y los insondables y muchas veces estúpidos ritmos laborales me impidieron hacerlo. Cómo lamento no haber conocido la Isla bajo la guía de Montesinos. Lo llora acá cada becado que fue a la beca de Cuba por su calidad y calidez. Se nos fue Enrique y hoy tengo mucha pena, pero a la vez creo que su partida coincide con algo que debemos honrar y que él siempre prodigó: la unión entendiendo las diferencias. Alguien lo dijo hace un rato, no nos desgastemos en peleas y luchas sin destino, tenemos todo para ser el gran continente del deporte y del periodismo y muchas veces nos quedamos en lo menor, en la discusión chica sin sentido.

Colegas, amigos. Por Enrique, por nosotros pero sobre todo por nuestros colegas y el periodismo de cada uno de nuestros países, que la luz de Enrique no nos haga caer en la oscuridad de divisiones que al final nos llevarán a perder. Crezcamos en las diferencias, hablemos en la confraternidad, discutamos en la armonía de los puntos de vista, pero no nos olvidemos que nuestros cargos son transitorios y lo que se debe privilegiar es el periodismo, nuestro gremio y nuestra América. Y entre nosotros, esa amistad, que nos recibe y nos despide con un abrazo y que no sabemos si es que puede ser el último. Un gran abrazo a todos, en especial a Enrique que nunca se irá de esta mesa.

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