Tras el podio: el calvario previo a la conquista de una medalla de oro

Por Harold Briceño Tórrez (Nicaragua) – Periodista Joven AIPS América.

MABNAGUA, Nicaragua, 27 de agosto de 2019.- Cinco ganadores de medallas de oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 hablan sobre el sacrificio que implica prepararse para alcanzar el primer lugar en un torneo tan exigente…

Andrea Vargas (Costa Rica), en el centro del podio de los 100 metros con vallas en Lima 2019.

Andrea Vargas toma la delantera. Corre sin parar y salta las vallas con una maestría tal que impresiona. Nada la desenfoca, ni siquiera el bullicio a veces ensordecedor del público. Supera el último obstáculo, encara los últimos metros con mayor velocidad y resiste el empuje final del resto de competidoras. Atraviesa la meta y rompe a llorar. La gente en el Estadio Olímpico de Lima la ovaciona.

Ella solo piensa en su niña de cuatro años, a quien poco ha consentido en los últimos meses, porque ha tenido que entrenar días enteros para ahora ser la medallista de oro en los 100 metros con vallas de los Juegos Panamericanos Lima 2019.

“Lloro porque me emociona esta victoria, pero sobre todo porque para conseguirla tuve que sufrir el hecho de no pasar el tiempo necesario con mi hija. No disfrutar de ella por mucho tiempo es parte del precio que tuve que pagar para conquistar esta medalla”, cuenta Andrea, mientras acaricia sin parar su presea dorada, la que suma al oro conseguido en los Juegos Centroamericanos Managua 2017 y en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018.

De origen costarricense, Andrea Vargas no era favorita para imponerse en la carrera. Es más, sus registros no figuraban entre los tres primeros del ranking. “Pero me preparé al máximo, como debe ser cuando se va a competir en un torneo como estos Juegos Panamericanos. Entrené todos los días, haciendo una sesión por la mañana y otra por la tarde. Fue muy duro, a veces estaba entrenando y en mi mente pensaba en cómo estaba mi niña (Avril Jiménez Vargas)”, narra la ahora medallista panamericana, que también es licenciada en derecho y es entrenada por su mamá, Dixiana Mena.

“Es complicado ganar una medalla, porque es un proceso muy largo. La carrera es solo el cierre de toda una cadena de esfuerzos, que incluye dejar a tu familia, largas jornadas de preparación, cuidar el tema de la alimentación y hasta la salud sicológica. Se requiere de mucha responsabilidad para lidiar con todos esos aspectos”, comenta Vargas, que se inició en el atletismo a los ocho años y ahora, a los 21, ya piensa en su participación en los Juegos Olímpicos Tokio 2020. 

LO MÁS DURO: “DEJAR A MI NIÑA”

Una historia similar a la de Andrea Vargas, es la del chileno Gabriel Kehr, quien a sus 22 años se agenció la medalla de oro en lanzamiento de martillo, un logro tras el cual está el tema de la separación familiar y el de las arduas jornadas de entrenamiento.

“Esta medalla se la dedico a mi hija, a quien poco he podido disfrutar desde que nació hace diez meses. El asunto es que para este evento he entrenado a tiempo completo desde hace ocho meses y varias de las concentraciones han sido fuera del país, así que la he cargado en mis brazos poco tiempo. Ha sido muy duro dejar a mi niña, pero ahora gozo la recompensa de ese sacrificio”, manifiesta el corpulento atleta.

De acuerdo con Gabriel, sus jornadas de entrenamiento previo a los Juegos Panamericanos fueron de siete a ocho horas todos los días. “De diez de la mañana a una de la tarde practicábamos nuestra técnica de lanzamiento y de las dos de la tarde a las nueve de la noche hacíamos ejercicios especiales, levantamiento de pesas y salíamos a correr. Eran jornadas muy intensas, un sacrificio que considero pocos están dispuestos a realizar”, refiere el atleta chileno, cuyo próximo objetivo es disputar la medalla en el Campeonato Mundial de lanzamiento de martillo.

DOS JÓVENES PROMESAS

Adriana Díaz es de Puerto Rico y apenas tiene 18 años, una edad pese a la cual ha ganado todo por lo que ha competido en tenis de mesa, incluyendo la medalla de oro en individual femenino de los Juegos Panamericanos Lima 2019 y la clasificación a los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

“He tenido muchos logros porque mi sacrificio ha sido grande. Hay ocasiones en las que uno piensa si valdrá la pena esforzarse tanto, porque hay que entrenar mucho tiempo y realizar constantes viajes que me hacen estar bastantes días alejada de mi familia, es más, la mayoría de mis cumpleaños los he pasado fuera de mi casa”, cuenta la atleta, que es entrenada por su papá, Bladimir Díaz.

Adriana, que junto a su hermana Melanie también ganó la medalla de oro en la modalidad por pareja en Lima 2019, asegura que para sobresalir en torneos de gran exigencia entrena todos los días entre cinco y seis horas. “Eso implica que me pierda de actividades propias de mi edad, como salir con mis amigos e incluso la escuela”, refiere la medallista panamericana, para quien el entrenamiento físico es tan importante como el mental, porque “la mente ordena y el cuerpo hace”.

“Yo también soy su entrenador y más que a nadie me consta el sacrificio que ella hace para tener estos resultados. La medalla dorada es el fruto de horas y horas de intenso entrenamiento, de renunciar a las actividades familiares y con sus amigos, de levantarse de madrugada, de dividir el tiempo entre los estudios y la preparación deportiva, además de privarse del entretenimiento propio de una joven de su edad. La he visto caer rendida de cansancio tras un entrenamiento y en ocasiones me ha tocado motivarla para que no renuncie. Hoy estamos viendo los resultados de tanto esfuerzo”, dice Bladimir Díaz, el papá de Adriana.

Por su lado, el cubano Juan Miguel Echevarría, de 20 años, es otro joven que sabe lo que significa ganar una medalla de oro en los Juegos Panamericanos Lima 2019, y por lo tanto, también conoce el sacrificio previo que eso implica.

Echevarría ganó la presea de metal dorado en salto de longitud, con un registro de 8.27 metros en su cuarto intento. “Esta medalla que hoy guinda de mi cuello no es más que el cierre de un proceso que a veces fue doloroso. Trabajé mucho bajo el sol y la lluvia, nunca me importó la circunstancia. Eso sí, hubo momentos en los que por la exigencia de la preparación sentí ganas de ya no seguir más, pero el deseo de darle una alegría a mi familia y a mi país me impulsaba a seguir, aun cuando sentía que mi cuerpo ya lo había dado todo”, expresa, quien es considerado uno de los grandes valores jóvenes del atletismo cubano.

ES TRISTE DEJAR A MI MADRE SOLA”

El nombre de Anthony Zambrano, un corredor de 21 años, sonó fuerte en la pista de atletismo del Estadio Olímpico de Lima, porque ganó medalla de oro en los 400 metros planos y en el relevo 4×400 como parte del equipo colombiano.

“Entrené duro para estos Juegos, fueron más de seis meses de preparación, con doble jornadas de entrenamiento cada día, eran aproximadamente de seis a ocho horas muy agotadoras. Durante ese tiempo tuve que renunciar a todo aquello que no tuviera relacionado a mi adiestramiento físico y mental, porque no quería descuidarme de cara a una competencia de tan gran nivel”, cuenta Zambrano, quien “no se arrepiente” de todo aquello a lo que desistió mientras se preparaba para competir.

Eso sí, hay algo que le duele mucho y deseara no fuera parte del sacrificio que hace durante su preparación. “Yo soy hijo único y vivo solo con mi madre. Dejarla sola por cinco o seis meses, que es lo que normalmente dura mi preparación, me causa mucha tristeza. Deseara que ella siempre estuviera conmigo”, dice Anthony, quien encuentra recompensa en sus éxitos. “Lo bueno es que ahora que llegue a casa podré entregarle estas dos medallas y llenarla de felicidad. Ese es mi mejor premio”, refiere el campeón panamericano.

El término sacrificio es el factor común en las historias de estos cinco atletas que ahora son medallistas de oro, con lo que puede concluirse que sin sacrificio no hay medallas que celebrar.