Thalía Mallqui, bronce en lucha y ejemplo de mujer peruana

Por Rosa María Muñoz Tipiani (Perú) – Periodista Joven AIPS América

LIMA, Perú, 9 de agosto de 2019.- Es deportista profesional, madre y estudiante al mismo tiempo. Encontrar tiempo para todo ha requerido distintos sacrificios que no podrían tener mejor recompensa que la presea de bronce en Lima 2019, un paso más a la anhelada clasificación a Tokio 2020.

Thalía Mallqui vive luchando. Tuvo muchas victorias a lo largo de su vida pero ninguna la hizo sentir más orgullosa que haber cerrado la boca de aquellos que le dijeron que sería imposible equilibrar su vida como deportista, mamá, estudiante y esposa. Hoy a sus 32 años se siente más capaz que nunca y así lo demostró durante su participación en los Juegos Panamericanos Lima 2019, donde logro obtener la medalla de bronce tras vencer a la ecuatoriana Jacqueline Mollocanaen la modalidad de 50kg de lucha femenina estilo libre. El camino no fue fácil pero su fortaleza para superar cada obstáculo es la inspiración de miles de mujeres peruanas que en algún momento pensaron dejar sus sueños ante la presión de aquellos que ante su incapacidad por hacer verdaderos sacrificios intentaron convencerlas de que ellas tampoco podrían. “Si Thalía pudo, entonces nosotras también”, es la frase que suele repetirse entre las jóvenes promesas de la lucha peruana.

“Me levanto muy temprano para entrenar. Regreso a casa para cocinar a mi hijo, a la salida que llega también estamos, almorzamos, descanso y vuelvo a entrenar a la Videna. Luego a casa. Me levanto a las 5.00 am para dejar la lonchera lista. Trato de organizar bien mi tiempo para no descuidar mi casa, mi hijo y mi esposo que sé me comprende porque comparte lo que yo hago”, manifiesta la ganadora de la 24° medalla ‘bicolor’ y es que desde hace 10 años se dedica a la lucha y a criar a su pequeño Oziel, fruto de su matrimonio con el también luchador, Abel Herrera.

Pero eso no es todo, pues además de su entrega por el deporte, siente una gran pasión por la carrera que decidió estudiar: ingeniería química. Entre los entrenamientos y vida de madre le ha sido complicado terminar sus clases en el tiempo estipulado, pero eso solo la motiva a seguir esforzándose y más aun sabiendo que solo un ciclo la separa del gran objetivo de tener por fin su anhelado título.

Aunque lo cierto es que de títulos ya sabe mucho. Mallqui ha logrado obtener innumerables reconocimientos tanto sudamericanos como panamericanos, teniendo como más destacados la presea dorada en el Campeonato Panamericano de lucha en 2013 y la presea de plata en los Juegos Panamericanos Toronto 2015, donde no pudo superar en la final a la canadiense Genevieve Morrison en la categoría 48 kilos. Si bien el objetivo era obtener el oro en casa, las circunstancias no favorecieron a la luchadora que incluso hace unos meses tuvo que ser sometida a cirugía por un desgarro en los ligamentos del hombro. De todas formas, estar entre las mejores del continente es algo que llena de orgullo tanto a ella como su nación que ahora espera su clasificación para los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

“Esta medalla tiene mucho valor para mí, espero seguir creciendo para seguir aportando al deporte peruano. Nuestro esfuerzo ha sido demostrado más que nunca, solo esperamos un poco más de inversión para seguir triunfando”, expresó Thalía buscando llamar la atención tanto del gobierno como la empresa privada que aún tiene una gran deuda con el apoyo a los deportistas peruanos. La historia de Thalía Mallqui es motivación pura y enseña una vez más a los peruanos que para ser grande no se trata de simples sacrificios como dejar de ir a fiestas o salir con amigos, se trata de ser el primero en ver la luz del amanecer, y de ser testigo como la luna se esconde. Se trata de ignorar la mediocridad que suele bombardear en los momentos más críticos, pero sobretodo se trata de llevar en el alma a un luchador, uno que persiga sus sueños los 365 días del año, al igual que ella.