Por Gabriel Briceño Fernández (EFE) (*)

SANTA MARTA, Colombia, 18 de noviembre de 2017.- Igual que ‘el campeón de la vida’, este Luis Fernando Montoya también es entrenador, un colombiano oriundo de Antioquia y un apasionado por el deporte en el que se desempeña.
Así como Luis Fernando Montoya, ‘el campeón de la vida’, llevó al equipo de fútbol Once Caldas a ganar la Copa Libertadores de 2004 tras vencer en la final a Boca Juniors, el Luis Fernando Montoya de esta historia fue clave para que la selección Colombia de baloncesto masculino ganara la medalla de oro en los Juegos Bolivarianos después de 79 años.
Mientras ‘el campeón de la vida’ yace en una silla de ruedas desde que el 22 de diciembre de 2004 quedó cuadripléjico al recibir tres disparos a quemarropa por parte de unos hampones, el Montoya campeón bolivariano salta de felicidad. Llora, ríe, se abraza con todo aquel que se le acerca.
Son casi las 10 de la noche del viernes 17 de noviembre de 2017 y el coliseo mayor de Santa Marta es un hervidero. El escenario acaba de temblar por el festejo de los cientos de espectadores que celebran la victoria colombiana frente a los venezolanos.
En el rectángulo de madera, que aún tiembla, Luis Fernando Montoya se funde en más abrazos y luego hace parte de la rueda que forma la selección Colombia para agradecer a Dios el logro, ese oro esquivo para el baloncesto masculino en los Juegos Bolivarianos desde 1938.
Entre uno y otro salto, entre más y más abrazos, el Luis Fernando Montoya que en Santa Marta oficia como asistente técnico de la selección Colombia, responde a EFE la pregunta más obvia del cuestionario: si conoce al ‘campeón de la vida’.
“Sí, hombre, claro que sí. De hecho, somos casi vecinos y algunas veces voy a visitarlo, a oír sus sabios consejos. Hasta tenemos un ‘sobrino político’ que jugó baloncesto y fútbol profesional”, afirma en medio del ruido que aún es ensordecedor en el coliseo.
Este Luis Fernando Montoya es del municipio antioqueño de Sabaneta y ‘el campeón de la vida’ de uno que se llama Caldas, como el equipo de fútbol que le dio la gloria.
Al igual que él, tiene rasgos paisas, como se conoce a los oriundos de esta región colombiana: tez blanca, pelo castaño, ojos pardos y el acento seseado y algo cantado.
Es 20 años menor que el ‘profe’ Montoya (nació el 12 de agosto de 1976) y confiesa que empezó su carrera como entrenador de baloncesto a los 15 años.
“Siempre quise jugar, pero en mi municipio solo había baloncesto femenino y entonces lo hice también como proyecto de alfabetización, algo que dejara un legado en Sabaneta; fui a colegios y escuelas a incentivar a los niños de diez años y menores para que aprendieran de baloncesto”, agrega.
Su carrera de entrenador lo llevó a dirigir a la selección de baloncesto de su departamento (Antioquia) a los 19 años, a los 23 dirigió a la selección Colombia juvenil, pero se fue a vivir a Estados Unidos durante una década.
Al volver le tocó empezar de nuevo y tras tocar puertas de los amigos, regresó a lo que más le gusta: dirigir. Tomás Díaz, el entrenador de esta selección campeona bolivariana, lo vinculó como su asistente para comenzar un proceso hasta ahora exitoso.
“Este grupo es el relevo generacional de la selección Colombia de mayores, los jugadores son conscientes de la gran responsabilidad que tienen y van a trabajar muy duro para todos los retos internacionales que vienen de ahora en adelante”, asegura.
Enseguida, la charla vuelve a incluir al ‘campeón de la vida’. Montoya revela que ese ‘sobrino político’ al que se refiere es José Julián de la Cuesta, quien jugó baloncesto y luego fútbol profesional en selecciones Colombia, en clubes de su país y de España (Albacete, Cádiz y Real Valladolid).
Revela que el día en que dejaron cuadripléjico al ‘campeón de la vida’, recibió numerosas llamadas de familiares y amigos que pensaron que se trababa de él.
Y entonces afirma, de nuevo con los ojos llorosos, que “gracias a Dios” tiene la fortuna de conocerlo y recibir sus consejos. “Él es un líder incansable, de mentalidad positiva, que dirige muy bien sus grupos, que es un gran estratega y eso es lo que más me ha inculcado”.
Su voz se corta, pero aun así las palabras le brotan de forma espontánea: “Luis Fernando Montoya es una persona con un valor tremendo, alguien muy especial, muy fuerte, que ha sabido sobreponerse”.
Claro, se refiere al otro campeón, al ‘campeón de la vida’.

(*) Publicación autorizada por su autor

Comments are closed.