Llamativa e hidalga actitud
en juez colombiano de fútbol

Por Pedro Garcia Garozzo – corporaciondeportivafenix@gmail.com

ASUNCIÓN, Paraguay, 19 de abril de 2019.- Llamó la atención en estos últimos días y tuvo gran eco y viralización en las redes sociales, la actitud de un árbitro colombiano de fútbol.

Nolberto Ararat, (de él se trata), integrante del plantel profesional de árbitros de futbol de la Federación de su país hasta hace unos dias, decidió no seguir pitando, preocupado por percatarse de errores registrados en su cometido de fiscalización de los partidos oficiales en los que le cupo cumplir la gestión de colegiado.

Nolberto Ararat, ahora ex árbitro de futbol.

En nota de dimisión encaminada a la Comisión Arbitral de su país, Ararat explicó: «Muchas veces en la vida tenemos que luchar contra diferentes adversidades y no quiero seguir perjudicando con mis errores humanos al fútbol profesional colombiano, que tanto me dio, ni a los equipos que de alguna manera se preparan para conseguir resultados positivos».

Despues de conducir el juego Bucaramanga 1 Once Caldas 1 «colgó» el silbato, no sin antes ser duramente criticado por algunas decisiones claves en ese ultimo cotejo.

La postura se presenta como sorprendente pero sumamente hidalga y muestra una faceta – para nosotros archi conocida – de la nobleza del colombiano, de la que en el Paraguay se tiene certeza desde hace más de una centuria.

NINGÚN PARAGUAYO SERÁ PARIA

En efecto, tras la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) en la que tres naciones (Argentina, Brasil y Uruguay) entraron en conflicto bélico contra nuestro país, el Paraguay quedó devastado y hasta el poeta Carlos Guido Spano, oriundo de uno de los países beligerantes (Argentina) en desacuerdo con la fratricida contienda, llegó a escribir en sus versos dolidos que «llora,  llora Urutaú… ya no existe el Paraguay donde nací como tú».

Fue entonces que la hermana República de Colombia lanzó un histórico documento público en el que oficializaba la determinación de considerar como colombiano (con todos sus derechos de ciudadano nativo de esa bendita tierra) a cualquier paraguayo que llegara a ella.

El decreto de fecha 27 de julio de 1870 y expedido por el Congreso de Colombia, señala: «Si por efecto de la guerra, el Paraguay desapareciera como Nación, ningún paraguayo será paria en América; con solo pisar tierra colombiana, en caso de producirse, gozará en forma automática de los privilegios, facultades prerrogativas y derechos colombianos, es decir que de perder la nacionalidad paraguaya serán automáticamente colombianos».

Antes de ello, el apoyo abierto a la causa paraguaya por parte de Colombia, se hizo sentir ya el 2 de septiembre de 1866 en Bogotá, al manifestar el interés del gobierno colombiano «por detener un conflicto que se estaba gestando….. una ‘injusta guerra’, que más tarde pasaría a ser el «genocidio más cruel conocido en la historia de las naciones soberanas».

EXALTACIÓN DE MUTUO SENTIMIENTO

Ese sentimiento de afecto mutuo entre los pueblos hermanos tuvo más de una exposición en eventos deportivos como cuando la selección mayor de Colombia jugó por primera vez en Asunción una eliminatoria mundialista para Suecia 1958 y años después en el sudamericano juvenil de 1967 cuando en la noche de su debut en el viejo estadio Adriano Irala, la selección cafetera entró vestida de azul y portando un gran cartel que decía: «Compatriotas paraguayos salud».

EL GESTO DE ATLETICO NACIONAL

En ocasión de la Copa Sudamericana de la CONMEBOL de 2016, por  expreso pedido e iniciativa del club Atlético Nacional de Medellín, se declaró campeón al Chapecoense de Brasil, después de la trágica desaparición de casi todo su plantel de futbol.

CORRECCIÓN EJEMPLAR DEL PÚBLICO

A fines del año pasado, Paraguay ganó el mundial de futbol sala en Valledupar. Todo el desarrollo del torneo y sobre todo la semifinal (que la ganó a domicilio a la selección Colombia) y la final (en la que superó a Argentina) fue un gran ejemplo de deportivismo y de conducta ejemplar de la afición local.

Si hay un deportista sudamericano que sabe de valores que el deporte preconiza y no solo los considera en teoría sino que los cumple en práctica, ese es el colombiano.

Por tanto, la actitud del soplapitos Ararat no hace sino corroborar esta tradicional hidalguía y la postura que ha sabido honrar en tantas históricas situaciones extremas en el deporte y en la vida, el noble pueblo colombiano.