Glorificados con una medalla olímpica (I), por Enrique Montesinos Delvaty

La Habana, Cuba, 4 de agosto de 2016.- ¿Tienen idea de la cantidad de medallas olímpicas disputadas durante los 116 años que median desde Atenas 1896 hasta Londres 2012?

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Carl Lewis en atletismo y Teófilo Stevenson en boxeo marcaron hitos en el deporte olímpico para Estados Unidos y Cuba, respectivamente.

En los podios se han premiado unas 14 mil. En el sitial más alto fueron coronados casi 4 800 campeones olímpicos de los cinco continentes. Cito datos aproximados porque las múltiples incidencias de los años iniciales mantienen en pugna a los recopiladores, quienes evidencian falta de unificación.

Más confiables juzgamos los cómputos de nuestra América. Hemos tenido 1.201 campeones. Y un total de 3.315 competidores atesoran al menos una medalla de cualquier color. De fuentes de probada profesionalidad, estas cifras tampoco las consideramos ciento por ciento exactas porque consolidamos criterios valorativos diferentes, además de estar en proceso varias descalificaciones por dopaje en las que algunos adelantadamente corren lugares sin oficializarse los veredictos.

Pero permiten el acercamiento favorable para abordar el tema del honor y la gloria deportiva que siempre entraña colgarse al cuello una medalla olímpica, en contraste con los dispares enfoques valorativos mediáticos y de la afición de acuerdo con la cotidianidad del hecho y la cantidad acumulada.

Para el Comité Olímpico de Estados Unidos y ese país en general la fuerza de la costumbre seguramente inclina a no magnificar con el mismo alborozo la conquista de una medalla olímpica como acontecería en una pequeña isla del Caribe u otro territorio jamás bendecido con semejante dignidad.

juegos-olimpicos-presenciaLos estadounidenses, además de beneficiarse con cuatro sedes —el doble que cualquier otro país—, han presentado deportistas sobresalientes, competitivos, estelares, tanto que el primero en subir al podio en Río 2016 será su medallista de cualquier color número 2.400.

A los norteños les faltan apenas 24 —que fácilmente llegarán en la inminente cita carioca—, para alcanzar la espectacular cifra de mil campeones olímpicos. Resulta abismal su ventaja sobre el resto del orbe. La antigua Unión Soviética pudo galardonar a 395 y superó el millar de medallas en total. Pero ya no existe. De los actuales, Gran Bretaña es el más cercano, y a la vez bien distanciado con apenas 236 de oro y 780 en total.

De sus gimnasios y pistas han surgido deportistas fabulosos como Jesse Owens, tetracampeón de la velocidad y el salto largo ante los arios alemanes en Berlín 1936; Carl Lewis, el atleta del siglo, nueve de oro y una de plata; nadadores fuera de serie como Mark Spitz y Michael Phelps, el Tiburón de Baltimore, capaz de ganar de golpe ocho oros en Beijing y acumular lo máximo del globo terráqueo, con nada menos que 22 (18-2-2). Y parece necesitar más vitrinas por continuar codiciando triunfos.

En un segundo escalón continental aparece Cuba. Bien lejos en oros con 72 y en total de premios con 209. Dicho de manera absoluta. Más al comparar la Isla con el gigante norteño las distancias se reducen. La Mayor de las Antillas consiguió un campeón por cada 24 deportistas participantes. Estados Unidos cada diez.

Los siguientes en el ordenamiento por medallas ni sueñan con tal productividad. Canadá, por ejemplo, cosecha un campeón cada 73 participantes; Brasil, cada 110; Argentina, 115; México, 141. Si hurgamos entre los pequeños, Jamaica es el más próximo, con frecuencia cada 30 competidores, aunque uno solo acumula cuatro oros intrínsecamente suyos y comparte otros dos en los relevos, si bien el primero está a punto de perderse por presunción de dopaje de uno de sus integrantes. Es el fenomenal bólido Usain Bolt, quien igual que Phelps anda con las fauces abiertas para engullir nuevas medallas en Río de Janeiro.

Quienes han logrado coronarse en más de una ocasión o subir reiteradamente al podio de premiaciones llevan ventaja hasta cierto punto lógica en la memoria colectiva de la afición, aunque hay solitarios campeones que marcaron hitos. De Cuba resulta inolvidable María Caridad Colón, jabalinista convertida en primera mujer campeona olímpica de América Latina, como también los saltadores Javier Sotomayor e Iván Pedroso, el primero por ser todavía recordista mundial absoluto y el segundo por ostentar nueve campeonatos mundiales además de su victoria bajo los cinco aros.

Las palmas para el esgrimista José Ramón Fonst, cuatro de oro y una de plata; para la judoca Driulis González, 1-1-2=4. Para los tricampeones Teófilo Stevenson y Félix Savón, entre tantos y tantos pugilistas dorados, 34 en aras de la exactitud. Para las voleibolistas coronadas tres veces lideradas por Mireya Luis y Regla Torres (mejor voleibolista del siglo elegida por la Federación Internacional), y la contribución de Ana Ibis Díaz, capaz de proseguir hasta añadir a su palmarés particular una cuarta medalla, de bronce. Para Alberto Juantorena con su inigualable doblete dorado. Y para Mijaín López, luchador bicampeón empeñado en su tercera excelencia.

Entre los que diversifican sus éxitos y preferencias, además de Estados Unidos, con medallas en 36 disciplinas, y Cuba, en 15, encontramos destacado a Canadá por figurar en 23 y oros en 17. Los canadienses no han contado con multiganadores de medallas de oro. Cuentan con una espléndida cantidad de 59 oros, pero muy bien distribuidos.

Lesley Thompson-Willie, por ejemplo, es una remera brillante y solo sumó uno entre cinco metales (tres de plata y un bronce) durante una larga permanencia cualitativa desde 1984 a 2012. Victor Davis ganó cuatro (1-3-0) en natación, en 1984, igual total que el kayacista Adam J. Van Koeverden (1-2-1) entre 2004 y 2012. Cuando abordamos los Juegos de Atlanta salió a relucir el sprinter Donovan Bailey, dos de oro, pero una en relevo.

Brasil exhibe sus 23 oros en nueve deportes, pero concentra 14 en tres. Han sido muy efectivos en velas con seis campeones, sobre todo por la maestría inigualable de Robert Scheidt, bicampeón y pentamedallista (2-2-1) desde Atlanta 1996 a la fecha. Cuatro legendarios equipos de voleibol le reportaron el máximo fulgor al país, la mitad a cargo de las féminas, ansiosas por igualar en Río el record de tres de las cubanas.

De cuatro en el atletismo ya mencionamos la de Joaquín Cruz versus Sebastian Coe, más hay que quitarse el sombrero para reverenciar tanto al fenomenal triplista Adhemar Ferreira da Silva, bicampeón 1952-56, como a la excelsa saltadora en largo Maurren Higa Maggi, vencedora en 2008.

Los mexicanos distribuyen sus trece campeones en ocho deportes. El atletismo y en especial el sector de la marcha deportiva es el más acaparador con tres mencionados en estos recuentos: Bautista, Canto y González. Otros tres deportes tienen dos con la singularidad de conquistarse en una misma cita. Ecuestres tienen las dos primeras alcanzadas en 1948 por la maestría de varios jinetes encabezados por Humberto Mariles. Boxeo siguió con Ricardo Delgado y Antonio Roldán en su sede de 1968. Y el tercer par en taekwondo (Beijing 2008), suscritas por María Espinoza y Guillermo Pérez. Contribuyen con una cada uno el clavados (Joaquín Capilla), natación (Tibio Muñoz), pesas (Soraya Jiménez) y el fútbol, que por tener el reciente sello londinense es recordada con gran euforia.

La historia de Argentina en Juegos Olímpicos es larga y repleta de interesantísimos pormenores. Con 23 Juegos, escolta a Estados Unidos (26) y Canadá (25) y en competidores es cuarta, detrás también de Brasil y delante de Cuba, aunque sin tantas medallas como aquellos: 70 en total y 18 de oro, cosecha iniciada en 1924 por un quinteto de jugadores de Polo, deporte de mucho arraigo en ese país. En Amsterdam 1928 agregaron tres mediante los boxeadores Víctor Avendaño y Arturo Rodríguez y el nadador Alberto Zorrilla. Y tres más en Los Ángeles 1932 con otros dos púgiles, Alberto Lovell y Carmelo Robledo, más el maratonista Juan Carlos Zabala. En Berlín 1936 los de Polo volvieron a hacer de las suyas junto a Oscar Casanovas, su quinto hombre de boxeo coronado. Tras la Guerra, en Londres 1948 el maratonista Delfo Cabrera imitó a Zabala y otros dos boxeadores se consagraron, Rafael Iglesias y Pascual Pérez.

En esa época Argentina era líder indiscutible del deporte en Sudamérica, América Latina e Iberoamérica. Segunda de América. No hubo vacilación para los I Juegos Panamericanos Buenos Aires 1951, en los que sorprendió por medallas a un Estados Unidos que subestimó la contienda. En contraste, la cita de Helsinki 1952 solo reportó el triunfo de una pareja de remeros.

El floreciente deporte argentino de entonces, con nada menos que 13 coronas olímpicas y 36 medallas en total, quedó sumergido de pronto en un inmenso letargo de 52 años, inclusive en las favorables circunstancias de Los Ángeles 1984. No lo sacudieron hasta Atenas 2004 y de manera explosiva gracias a sus colectivos varoniles de baloncesto y fútbol. Por tan impactante victoria en básquet, el estelar Manu Ginóbili fue el abanderado en Beijing 2008, aunque retener el título sería misión imposible.

Paradójicamente, el once de fútbol sí pudo conquistar la gloria de nuevo alineando a posteriores famosos como Messi, Riquelme, Mascherano y Di María. La quinta medalla seguida después del despertar y la 18 global la acreditó en Londres 2012 el taewondoka Sebastian Crismanich.

¿Continuarán los argentinos la rima en 2016, ahora cuando tienen más cerca que nunca la sede de Río de Janeiro? Ojalá que sí.