Enriqueta Basilio Sotelo: 90 escalones hacia la inmortalidad

Por: Julio Arturo Couoh
FOTOS: Facebook de Enriqueta Basilio.

TIJUANA, México, 31 de octubre de 2019.- La conocí en persona en 2001. Una visita a El Mexicano con Enrique Sánchez Díaz. Enriqueta era diputada federal y presentaba una propuesta: todo recurso incautado a la delincuencia organizada debería ser invertido en programas en beneficio del deporte. Esa fue la noticia. El editor o «coordinador» de sección, como solían llamarle en aquel entonces, tenía demasiadas «ocupaciones» extraperiodisticas y no sabía por dónde cuadrar el tema. Yo me encontraba en una transición forzada: salía de cultura y entretenimiento por una mala jugada de esa misma persona y por «necesidades organizacionales» me movieron a deportes de la noche a la mañana. Llegue a la redacción y me dijeron que a partir de ese momento me olvidara de Telón e Identidad que ya no haría «prensa bombonera» ni «prensa rosa».

De repente me topé con Queta y había que armar una nota sobre su visita y una semblanza sobre su trayectoria olímpica. No había wikipedia. Sólo prontuarios y tradiciones orales y una redacción aún con máquinas 386 con WordPerfect para MS DOS, a pesar de que ya existían algunos modems y laptop.

La entrevista era verdaderamente una fuente enriquecedora y el trabajo informativo era menos automatizado. Así, a pesar de una resistencia al cambio de casi dos décadas, admito que disfrute ese momento. Nos contó sobre su vida. El encendido del pebetero. Sus hijos. El polo acuático, ya que uno de ellos es uno de los mejores polistas mexicanos en la actualidad y en la historia. Años después conocí a Oliver en unos Juegos Centroamericanos celebrados en Colombia, Cartagena para ser más exacto. Al cierre del juego por el bronce me regaló una gorra de México, que aún conservo y conservaré con más valor estimativo.


En 2008, Queta visitó Baja California con motivo de los 40 años de Los Juegos Olímpicos de México 1968. Recorrimos con ella en caravana casi todas las ciudades y varias poblaciones del estado con el recorrido de la flama. Ella fue la Embajadora designada por el Comité Olímpico Mexicano, para rememorar la fiesta. La UD Sullivan en Ensenada, la carretera Escénica. El CAR en Tijuana, el centro de Tecate, El Hongo, el Ejido Luis Echeverría, la Rumorosa, la Delegación Progreso y Mexicali.

Al día siguiente nos trasladamos a San Luis Río Colorado en Sonora, para entregar la antorcha a los representantes de la Comisión del deporte del estado (provincia) de Sonora – CODESON. Queta había vuelto a casa. Platicamos un poco sobre su recuerdo en torno a 1968: los sucesos y los juegos. «Estábamos aislados, concentrados en la competencia, había tensiones, pero los Juegos eran la prioridad», recordó.


De ahí, recodamos la innovación que ya en el terreno competitivo, caracterizaron a los Juegos Olímpicos de 1968 en cuanto a la imagen y el diseño proyectado. Las marcas aún vigentes. El hecho de ser el primer país latinoamericano en albergar la justa y ser la primera mujer encargada de encender el pebetero en una justa de magna trascendencia.

Este fue el segundo encuentro, hace 11 años, tras mi salida de «El Mexicano».
El tercero se dio antes los Juegos Olímpicos de 2012 en otra visita que realizó ella al estado y el último se dio un año después, cuando se presentaba la propuesta de un salón de la fama estatal en la entidad.

Ella sostuvo junto con otras figuras del Olimpismo mexicano como Daniel Aceves Villagrán, una reunión con autoridades y medios previo al arranque de la firma de un convenio macro entre el Gobierno estatal y la CONADE – Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte – Ministerio de Deportes de México, aún con Jesús Mena al frente.

Fue gracias a una fotografía de una escalinata en la que aparecía su nombre, y a una pequeña historia sobre los atletas encargados de encender los pebeteros olímpicos, (producto de una visita al museo del COI en Lausana) publicada por varios portales en Baja California y otras partes de México, que hubo oportunidad de recibir la acreditación para los Juegos Olímpicos Juveniles de Nanjing. Días antes, la solicitud había sido rechazada en Suiza. 

Enriqueta Basilio Sotelo dejó huella no solo cómo la primera mujer que encendió el pebetero olímpico en unos juegos como los celebrados en México 1968, ya que también fue una atleta, madre, legisladora y ciudadana orgullosa de sus raíces.

Nuestro más sentido pésame y condolencias con sus familiares y seres queridos, entre ellos el Water-Polista y seleccionado nacional mexicano, Oliver Alvarez Basilio, como su madre, oriundo de Mexicali, quienes han sido embajadores del deporte y la cultura peninsular en el mundo.

¡Gracias Queta!


Vives en la memoria de un pueblo que día a día, como tú lo hiciste en el pebetero, lleva la luz de la lucha y el esfuerzo continuo, dando lo mejor de sí. 

¡Descansa en Paz Gacela del Desierto!