Por Gustavo Benítez (Paraguay) – gustavobenitez2003@yahoo.com

CIUDAD DEL ESTE, Paraguay, 18 de mayo de 2017.- Se fue, pero se despidió con la calidez que lo caracterizaba. José Enrique Montesinos Delvaty compartió con los colegas de América el último día del congreso de AIPS, en Pyeongchang, Corea del Sur.

Sentado en la cama, compartió anécdotas y planes con los colegas de América. Al día siguiente, todos los debían volver a sus respectivos países, por lo que era necesario preparar las maletas. Entonces, llegó el momento de la despedida, con abrazos de hermanos, algunos dentro de la habitación y con otros ya en el pasillo del hotel Intercontinental.

Montesinos se mostraba feliz, habló bastante. Inclusive, en la apertura de la ceremonia, gastaba bromas que arrancaron risas de los componentes de la mesa de América. Realmente, estaba feliz.

Nadie se imaginaría que aquellos abrazos serían los últimos del destacado periodista cubano. El día siguiente, el 13 de mayo, partió temprano al aeropuerto de Incheon y de allí a París. Apenas llegó tuvo una descompensación y lo internaron de urgencia en un sanatorio, donde el 16 de mayo falleció, producto de una trombosis pulmonar.

Era un verdadero maestro, pues siempre estaba dispuesto a conversar con mucha cordura. Sabía escuchar y plantear, con atino, posibles soluciones. Y así lo hizo ese viernes 12 de mayo, en una reunión breve que hubo en el día de las elecciones de AIPS. Siempre fue coherente y respetuoso con lo que se haya resuelto. Y esa actitud lo devela como gran maestro, pues no solo se vale de la retórica, sino pone en práctica lo que piensa.

Su calidez humana hizo que sus exalumnos del Postgrado de Cuba y periodistas que lo conocieron, le hayan tenido una gran estima. Era un carismático, no solo soñó, sino trabajó por la unidad en América, a través del deporte y el periodismo deportivo.

La luz que irradiaba se apagó, pero quedan sus reflexiones, sus enseñanzas, los que los más jóvenes deben llevar a la práctica, con la pertinencia que demostró Montesinos.

Cuesta hilvanar estas líneas, cuando el corazón se acongoja, aún cuando se ha tomado un par de días para la reflexión, porque Montesinos conquistó nuestro aprecio y de quienes tuvieron la dicha de conversar con él.

Se fue inesperadamente, porque Cali era la próxima parada y había planes para que siga trabajando por el crecimiento y fortalecimiento plenos de AIPS América. Cuesta aceptar la partida eterna de un amigo, que sobre todo, enseñaba a los más nuevos, constantemente, y sin jactarse de autoridad o prevalecerse de la experiencia acumulada. Fue un soldado más al servicio del AIPS, un compañero humilda y trabajador.

Golpea su abrupta ausencia. El camino que nos queda es transitar en base a los valores que practicó, el de la hermandad, lealtad, respeto, transparencia y honestidad. Hasta siempre maestro, hasta siempre!!!

 

 

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